sábado, 20 de diciembre de 2014

Verme desde fuera
me está carcomiendo
la mitad del alma 
que no os molestásteis
en quemar.
Y huele a ceniza demasiado.
Y pasado,
me voy a acabar.
Quién quiso ponerse
17 pistolas apuntando al pecho
y regalar balas de repuesto
por si queda alguna viga
en pie. 
Quién quiso morirse
y nunca preguntó su porqué.
Nos falta amor.
Y por cada latido en vano
se apaga un corazón.
Ya os vomité hace tiempo, 
no sé qué hacéis
en mis sótanos de nuevo,
mis agujeros de en medio
y mis infiernos de hielo.
Imagínate un páramo
de papeles descubiertos.
Todos con su final escrito
y cerrados
de podridos.
Imagínate una poesía de hojalata,
escritura automática,
"buenos días y buenas mañanas",
imagina tragarme mi yo
dramática.
Imagina no ponerte el dedo
en la llaga, 
imagina cicatrizar sin que quede
ni una sola hierba mala.
Imagina cruzarnos
y no sorprendernos midiendo
los pasos
para que siempre sean paralelos.
Imagíname riendo.
Pierdo los papeles
y se me olvidan los versos.
Me estoy haciendo algo mayor
para todo esto.
Mírame desde fuera.
Olvida que te estoy escribiendo.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Que yo te quiero y
me encanta decir que te quise.
Sigo encontrándote detrás
de cada excusa para cruzar
dos veces
el mismo paso de peatones
suicidas.
Sigo con tanto pasado
presente en las pisadas
que disfrazo entre los colores
de la gente
que me he ahogado en un vaso
de aire.
Pum, así como así,
a esto se le llama noviembre
del año catapún de dentro
del tiempo que tarde en decir
que ya no eres
lo que eras.
tic, tac.
El reloj suena pero no se mueve.
Las manecillas dibujan
pero todo sigue inerte.
Y yo, ¿qué hago?
Biengasto mi tiempo,
mi ahora y descuido mis tejados
de tanto sorprenderme a mí misma
escribiendo versos empapados
de
ti.
Perdón, ya paro.
Lo siento.
Te echo de menos, 
debería irme a dormir,
o debería estudiar un rato
o beberme siete cafés y medio
brindando por ti 
y por suplicar respirar a tu lado.
Eres mi brindis de copas 
vacías llenas de promesas
por cumplir.
No tengo ganas de que aparezcas
a arreglar mis apaños de madera
sobre los edificios de agujeros
de escaleras.
Déjame dormir tranquila,
que me encanta como suena el
"te quise a mi manera,
y ahora mírame, que estoy —casi—
entera."

sábado, 1 de noviembre de 2014

Hoy venía a escribirte
y se me ha olvidado
que todo lo que te diga
jamás se igualará
a lo que esconden tus pupilas.
Seas lo que seas,
como sea y donde sea
me gustas
me gusta tu forma de andar
me gustan tus miradas al reloj
nervioso siempre 
porque el tiempo se nos va
y se nos diluye
pero no nos lleva con él.
El reloj te lo quité yo.
Y ya no sé ni qué hora es.
Qué más me da.
Existes.
Y eso es lo más importante
que puede recordar este mundo.
Pase lo que pase,
las personas que lo pasen,
el tiempo que nos espere,
siempre sabré cuál es la puerta
de mi casa.
Me encanta que no puedas leerme.
¡Es como decir te quiero
con la cara tapada del miedo
a que te respondan lo mismo!
Pero tú no me tapas la cara.
Me abres los ojos.
Mírate,
mírame.
¿míranos? 
Tú mandas,
yo espero,
tú no te olvides,
que yo no me acuerdo.
Me da igual el sitio.
Aquí sigue oliendo a nuestro césped
fugaz.
Me importa todo tan poco
que sólo quiero que me mires
y que te mires
conmigo.
Esta noche mi orquesta 
de poesía barata
firma todos tus mares
y todo lo que contengan extra
contigo.
Buenas noches, ya suena el bis.
Y yo me escondo en tus
delirios.

viernes, 17 de octubre de 2014

De tanto escucharos
os creí
y os entendí
y me miré
buscando unos ojos
que no fueran los míos
bajo ninguna circunstancia
me miré con ganas de vomitarme
de dejar de ser
yo
o lo que sea
que estuviese
caminando
por la tierra
con mi nombre. 
Os escuché y os di
la razón.
Era odiosa, 
y me merecía
un espaldarazo del mundo
un cabezazo en el pecho
y cuatro insultos al día
media hora sola en el baño
y silencio ofensivo
revoloteando por mi izquierda.
Sentí que lo merecía.
Y por eso hoy os agradezco 
que me haya considerado
el fin del mundo,
la niña sin alma,
la última de la fila, 
la tercera persona
y el nombre de la vergüenza.
Nunca os olvidaré
aunque olvidéis quién creíais
que era.
Soy yo, pero con tanto miedo
que lo he perdido.
Me queda tanto dolor
que ya casi lo he vivido.
Tantos ojos huecos
han coloreado mi piel
de color optimismo 
y presente.
Dicen que la libertad sabe
a sangre seca,
y eso es lo único que me queda.
Gracias por hacerme libre,
gracias por hacer que me odie
hasta llegar al extremo
de sólo poder
quererme.

domingo, 12 de octubre de 2014

oh my love,
for the first time in my life
my eyes are wide open

Ni Lennon va a sacarte de mi cabeza. Ni la cascada que sale de mi pecho sin ninguna dirección, la que te busca y no estás. Mi cabeza sigue señalando que son las tres de la tarde en un día lluvioso de Madrid. Pero hasta ella se da cuenta de que todo es mentira, todo es una ilusión, un escenario bien dibujado, todo menos tú. Repaso con mi memoria cada una de tus esquinas y cada uno de mis momentos de debilidad. Repaso e imagino y espero y te espero aquí acurrucada. Las montañas de ceniza que estaban empezando a crecer en la suela de mis zapatos se empiezan a esfumar. Mi vacío se hace pequeño con la más mínima esperanza de que tú, tu barbilla y tu abrazo vuelvan a posarse sobre mí. 

Y yo te espero. Y Lennon canta. 

jueves, 9 de octubre de 2014

Tu mirada sigue
encajonada
en el fondo de mis 
cortinas.
Te quiero.
Te necesito.
Es tan tarde
que nos van a dar
las muerte y cuarto.
Te quiero de vuelta
y te quiero a mi lado
de broma
o en serio
o llorando
o sonriendo
o gritándonos
silencio
por miedo a 
perdernos.
Te quiero conmigo
y te quiero más tuyo
que nunca,
te quiero sin mundo
y te quiero sin mí.
Tienes cansada 
mi memoria,
mis noches en vela,
mis días tachados
y tu jersey
está lleno de agujeros.
Es hora de que vuelvas.
Te espero en el fondo
de tu lejanía azul cielo.
Una vez más (por favor),
te quiero.

lunes, 6 de octubre de 2014

Ya no recuerdo
la penúltima vez 
que te eché de menos.
Está todo borroso
y clarificado
por el color de tu pelo,
el sabor de tu mirada
y las mentiras 
de tu sonrisa.
Tantas noches he gritado
tu nombre
sin voz del dolor
de tus abrazos
y tantos años
o días
horas
meses
de irracionalidad
estás tumbando a golpe de
ti.
Llegas como la ola de oscuridad
que me obliga a hacerme 
la viva
cada vez que me revientan
las pupilas
de lágrimas
rajando mis mejillas.
Y después de todo esto,
que no se te ocurra
dudar
que como te atrevas 
siquiera a dirigirme la palabra
me derretiré
como
la 
tinta...
Y firmaré mi 
decimoquinta
sentencia de muerte,
la primera que cumpla
su cometido,
me arranque del 
mundo de los vivos
y me haga mártir
silenciosa
de la poesía 
de tu espalda.