jueves, 14 de agosto de 2014

Hoy quiero una casa
con hipoteca
o sin ella
sólo quiero que alguien
me abra la puerta
y que tenga chimenea
con una manta al lado
donde pueda juntar
mis miedos
para luego quemarlos.

Quiero una casa
que me quiera en sus ventanas;
en el alféizar de sus miradas
y que me perdone 
a pesar de agujerear 
el tejado.

Quiero una casa
donde poder dejar descansar
mi escudo eterno
mis gafas de sol
mis trajes de color negro
y mis habitaciones
sin puertas
demasiado llenas
de eco.

Quiero destruir
todo esto,
empezar de nuevo
pero nunca de cero
y dormir bajo el aliento
de que al día siguiente
no me esperan
las bofetadas del viento
sobre las suelas
de mis sandalias.

Pero ya llevo tanto buscándote
que se me ha hecho
enero.
La chimenea la haré 
a base de trozos
de hielo derretido
y el fuego con golpes
de verso.

Al final 
hay que cuidarnos
a nosotros mismos
y seguir soñando
con que las nubes algún día
tendrán forma de tejado,
que dejarán atrás
su pasado mojado
y que se inventarán
que son del color
del sol.

Esta es la única realidad.
Al final del día,
al principio
y en cualquier momento
de necesidad
sólo te tienes a ti mismo
y con eso te tiene que bastar.

miércoles, 13 de agosto de 2014

No quiero más tópicos
sobre nuestra mesa
ni sobre tu espalda.

No quiero frases hechas,
ni películas románticas
ni desayunos en la cama
ni madrugadas eternas.

¡No quiero flores!
No quiero nada que ya
haya sido inventado
ni vivido en otros ojos.
Quiero que inventemos
hasta los besos,
que si no quieres
no nos demos la mano
y si no te apetece
que no nos digamos "te quiero"
ni hagamos planes de futuro.
No quiero escapadas 
a cualquier parte
que nos hagan olvidar
todos los problemas.

Yo sólo te quiero a ti
con nuestras rarezas
peculiaridades
diferencias
y diferentes
temas de conversación
que ni sabía que existían
compartir un cigarrillo
como forma de beso especial
y como beso de verdad
uno en la punta de la nariz
o pasar mis manos por tu pelo
mientras esperas con paciencia
la eternidad de un reloj sin agujas.

Yo no quiero nada,
pero esa nada es contigo.

martes, 5 de agosto de 2014

Todo lo que quiero
es todo lo que se
ha ido.
Un, 
dos,
tres y siete
mil veces
me he repetido
"¡no me quieres!"
y más veces aún
me he recostado 
en tu pecho
y he escuchado tu corazón
decirme "te quiero".
y tus labios
y tus ojos
y tus manos
y tu todo...
ocho, 
nueve, 
catorce veces y media
te has ido cerrándome
la puerta en la cara
cortándome las manos
y arrancándome
las salidas. 
Quince.
Quince veces quiero 
que vuelvas.
Y que las quince
valgan la pena
sin hacerme llorar.
Vuelve. 

miércoles, 9 de julio de 2014

Los demás pueden ir
y venir 
porque no tengo horarios
pero a mí siempre 
se me hace tarde
siempre
me encuentro puertas cerradas
siempre veo
mi garaje iluminado
hasta deslumbrarme
y perderme en lo blanco
de la nada. 
Cuando por fin
consigo volver a cerrar los ojos
y consigo volver a asomarme
a mi ventana
sólo veo mi pasado 
merodeando mi portal
y tú sigues sin estar. 
Cada vez es más seguro
que el arcoiris
es el mundo que me invento
para evitar caer de bruces
con mis recuerdos
apuñalados
en el fondo de 
mis pisadas. 
Y tú sigues sin estar.
¡Hoy he soñado contigo!
Te había crecido el pelo
y la sonrisa no te había cambiado
y el mundo se me caía encima
cada vez que te notaba mirarme
cada vez que te sentía cerca
cada vez que parecía real
cada vez que parecía 
que no te eché de mi lado
(o más bien de mi interior)
daba gracias a la vida
por haberme llevado hasta ti.
Y de pronto te evaporaste;
de pronto me reclamó 
el mundo real
mi ventana peligrosa
el ruido de cucharillas
y me di cuenta de que 
nuestra oportunidad
ya ha pasado.
Me veo otra vez asomada 
a mi ático,
viéndonos pasear
sin darnos cuenta
de que nos estaba mirando
silenciosamente,
de que nos miraría así
algún día.
Me veo otra vez rogando
a mi subconsciente
que te traiga 
de vuelta,
me veo otra vez
paralizada por haber perdido
mi casa.
Y yo sigo sin dejarte volver.
Y tú sigues sin estar.

domingo, 29 de junio de 2014

No busco redención
en la poesía.
No busco victorias
ante mi derrota
a manos del
mundo material.

Busco a alguien.

Han pasado los meses
como losas encuadernadas
y los segundos
se han menospreciado
hasta el punto de no darles
nombre.

(Ni mis versos confían ya
en la justicia poética)

he pasado yo
por delante mío.
No escuché mi alarma;
me sorprendió de espaldas
escuchando otras
estaciones
marchitarse.

Cada uno debe aprender
a bailar en silencio.

Me he mirado 
por fin
y la verdad es que
visto de gala
hasta con los botones
secos.

Sé apañármelas
a través de playas
sin mareas
y metro desierto.

Hoy me tiendo la mano
a mí misma
--no quiero volver a 
perderme mis
desfiles de invierno--

Hoy abandono el asfalto
le dejo llorar su alquitrán
y firmo mi armisticio.

Hoy vuelvo a casa, 
hoy huyo conmigo.

miércoles, 18 de junio de 2014

Soledad. 
Querida amiga. 
Hacía mucho 
que no te veía;
mucho que no escuchaba
tus silbidos entre árboles
y mucho más que no
nacías en mí.

¿Cómo estas? 
Te echaba más de menos 
de lo que pude imaginar.
Ninguno de mis poemas iba
para los demás;
eran todos para ti.
Y yo me acabo de enterar.

Hola, compañera.
Pensaba que me llenarías
de melancolía 
y en realidad sólo me desconchas
la pintura de las paredes.
Y ni siquiera eso es un problema.
Sé pintar.

¿Sabes leer?
Me gusta tu niebla. 
Nadie sabe apreciarla
y yo tampoco supe 
en su debido momento.

Pero de tanto construir puentes
entre islas inexistentes 
que prometían salvación
he aprendido que la caída libre
sin fondo
no es mal sitio
para jugar a las cartas.

Soledad, qué bien sienta
volver a casa.
Prometo no volver a dejarte.
Abrázame fuerte y envuélveme
en tu hielo. 

Soledad, te quiero.

jueves, 5 de junio de 2014

¡Hola,
buenos días!
Son las dos de la mañana.
De la mañana
de tu piel ausente
entre tanta ceniza,

que se dibuja como
un paisaje único
de relojes en vela
contando hacia atrás
para olvidar mis lunares.

Una vez sola
(sin ti y con todos)
me pierdo yo,
en unos continentes tan lejanos
que ni siquiera sé si existen
mientras tu áspera mano
se agarra a estos poemas
hasta ahogarlos en sus propias
letras.

Y por cada palabra ahogada
nos veo menos singular
y más plural,
menos yo
y tú cada vez más



lejos



de volver.

¿Cómo se vuelve sin sitio?
Ya sin ojos vidriosos
o atrapados en el tiempo
de sus fechas cosidas
entre intentos y viento.

Ya no quedan ni dos
ni mañana,
sólo hiedra creciendo
por nuestro muro
y meses cargados
con recuerdos a ametrallar.

Ya sólo quedamos tú
y yo.

 
Y ahora,
¿qué nos frena?

 
Al despertar con el sol
renegaré de este poema
--¿quién recita tanta blasfemia?
me conozco derrotada—
por tanta verdad escrita
en la epidemia de las dos
de la mañana.