jueves, 25 de junio de 2015

Tienes cara de ser la brecha
de un poemario.
De ser el trasfondo
de todos mis armarios;
de ser la hoja más viva
del más odiado de mis otoños.
Tienes cara de esconderte
en el cajón de los pintalabios,
del uno y dos son cuatro,
aquí te pillo y aquí me mato.

Eres mi poesía hecha brecha,
los puntos descosidos en el dolor en carne muerta,
la llaga en el dedo,
la condena sin beso.

Me engulles de espera.
Me ahorcas desde tu miseria.

Todo esto es para decirte
que me muero por colgarme de tu piel
una vez más.

Cambiar de soledad.
Escucharme respirar.
Colorearme el vacío,
arrancarme los ojos,
coserme las heridas,
cerrarte la boca.

Que me encantan tus arañazos,
mis heridas en carne viva,
que necesito tus pasos
para no tropezar con mis esquinas.

Eres cada una de las esperanzas
que aúno 
cuando la mañana despunta.
Mi motivo de cartón aplastado
y mi vida presente 
de color pasado.
Mi golpe bajo de fortuna.

Este poema está tan caducado
que está color inerte.

Ya me has hartado,
pero vuelve.




viernes, 29 de mayo de 2015

Esta va a ser la mayor mierda que he escrito en mi vida.
Pero es que se me agolpan las palabras
en la parte de atrás de mi garganta. Y las escupo o me escupen.
Impotencia, 
dolor, 
desamparo,
¿amor?
desolación,
siete mantras para pedirme perdón.
Voy querer tanto 
que no voy a querer a nadie.
Estoy hecha cadáver
y he regalado toda mi sangre
para acabar

sola.

Mi propia tinta me devora
en mis intentos de huir de mi razón.
Que me dividan en mil partes
si eso va a hacer desaparecer
mi yo.
Querer, querer,
dar, dar,
vaciar, vaciar,
para darme la vuelta y caerme hacia atrás.
Fréname los pies,
que me he vuelto a equivocar.
Mis desfiladeros se asoman a mi mirada
y amenazan con un infierno sin acabar.
Que no sé salvar, 
que no te sé responder,
que no sé esperar,
que no sé coser.
Pero por muchas pedradas que me caigan,
de aquí no me vais a mover.
Soy la cuerda entre la cordura
y la locura;
soy la máxima expresión
de una luna sin miel.
Soy la última que se salva,
y si os caéis, me voy a caer.

Dejadme querer,
dejad de escocer.

Hoy es viernes
y me toca perder.

lunes, 27 de abril de 2015

Quién cojones me he creído que soy.
Respírame,
expírame.
Inspírame.
Te he tenido que escribir
hasta acabarme los alfabetos
dejar mis libros sin vida
para darme cuenta de que no eres tú
soy yo
quien me acecha a la vuelta de la esquina.
¿Cuántos vacíos caben en un mismo cuerpo?
¿Cuántas soledades tengo que soportar antes de aprender a reconocer que yo también 
echo de menos?
Que alguien me arranque.
Que se lleve lo que queda
en las paredes del declive
de color sábana y versos.
Aún me sabes a café por la mañana
y comer con Delibes.
No pasa nada;
sólo llevo así cinco minutos y tres años y medio.
Que nadie se acerque,
que el frío quema
y el suelo engulle
y el silencio desordena

silencio,

sólo un poco,
me estoy haciendo mucho ruido,
ya ni siquiera me oigo.
Dónde están mis odas de invierno
que mis olas de infiernos
ya no me dejan ni
inspirar
te.

Respírate hondo, hasta terminar de acabarme.
Aléjate.
No me dejes tirada.
Abrázame.
Lléname de absolutamente nada.

lunes, 6 de abril de 2015

Como amigos a medio camino, 
pareja sin más besos
a los que dar sentido,
familias sin vecinos,
sexo sin vicio.

La cara del vacío
que se ríe con desprecio.

Llevamos estando locos
mucho tiempo.
Y no hay prisa por dejar
de sernos.

Firmáis muertes sin veros.

Construimos nuestra casa
con seis ventanas
una vista
media cama 
pero se nos olvidaron los espejos.

Y antes de darnos cuenta, ni nos conocemos.

Firmo muertes a falta de versos.
Y los que salen, 
tienen prisa por dejar de serlo.

Reconstruimos nuestra casa sólo
con espejos
y nos caímos
hacia atrás
inundados de nuestros complejos.

Allí, a lo lejos,
todavía se puede ver el color del sol
en el instante en que nuestros mundos
colisionaron
y se convirtieron en la cárcel
en que nos conocimos.

Buenas noches de amigos al término del camino.
Llévate los papeles quemados,
la mitad de los cajones,
mis agujeros excavados
y el acuso de recibo.
Huye y ahógate de amor
hasta morirte de mí.
Lo demás ya se ha consumido.

miércoles, 1 de abril de 2015

Hoy quiero dejar de ser
la chica de los sentimientos
contenidos,
la del octavo derecho,
la que ha probado todas las locuras
con la punta de los labios
y ha vivido su tristeza
a medio camino,
donde se acaban los abrazos.

Se han escapado las toneladas
de excusas para mantenerse
tumbada boca abajo ignorando
la vida pasar.
Absorbida por su propio pasado.
Reconcomida por su corazón
cóncavo
de los pisotones que ha soportado.
No puede con tanto peso 
de sí misma,
lleva demasiados errores 
echados a la espalda,
ya sólo sabe forzar sonrisas.
¿se consume para esto?

Nadie le avisó de que la vida
se vive de muerte en muerte
y entre medias con heridas.

Hoy la chica se ha pegado un
portazo
en toda la cara;
se ha puesto la zancadilla
y ha andado de espaldas.
Se ha asomado al borde se su acantilado
y se ha visto reflejada
en el duro color del alquitrán para asfalto.
Hoy la chica nos está esperando.
¿Qué nos pasa a todos,
por qué no saltamos 
con ella?

Hoy la chica sigue viva,
y vosotros no paráis de marchitaros.

domingo, 29 de marzo de 2015

Me dicen me cuentan y me juran
que te fuiste como un campeón
que jamás emitiste ni una sola queja
y que sonreías de oreja a oreja.

Hoy son las buenas noches
del hombre que nos coloreaba las comidas navideñas.
Del ejemplo de toda la casa,
del timón dirigente,
de los paseos por la mañana
y la compra los miércoles.

Estés donde estés, estás aquí.
Sigue sonando el repiqueteo de tu bastón
tartamudeando por su llegada repentina.
Siguen incrustadas en las paredes
todas tus sonrisas,
nuestras,
velándote en cada esquina.

El cielo estaba gris el día de tu partida.

La ruleta del destino ha querido arrancarte la vida.
Has luchado como un valiente
a diestro y siniestro.
Y has ganado, te lo prometo.

Hoy son las buenas noches de una familia entera,
de un mundo creado por ti
que ha perdido su vela.

Aquí abajo seguimos esperándote para cenar.
No te apagas y no tienes fin.
Aún nos quedan muchas cosas por contar.
Buenas noches para ti, Juan.

jueves, 19 de marzo de 2015

Este poema no tiene título.
Hoy he soñado contigo
otra vez.
Me corroen los sueños
de color miel
que se deslizan con miedo
arrastrando mi piel
y descubriendo que no te tengo.
Eres todo lo que te di.
Y yo, todo lo que me pierdo.
Hoy he contado siete veces hasta veinte
y me he trabado en cada punto y coma.
Ya no tengo ni ganas de quererte.
Y no me has dejado sola.
La última vez que te escupí
supe que sería la antepenúltima.
Tienes que dejar de trepar
por mis asperezas,
por mis caras malas,
por mis noches en vela.
Tus ojos me cortan las alas.
Nunca quise nada.
Y las horas se resbalan 
por la espalda de tus puñales
nunca quise carnavales
nunca te pedí que me mirases.
La última vez que te quise
supe que sería la primera.
Hoy he soñado contigo,
y esta vez olías a primavera.
Me arranqué los ojos
y dejé que las alas se me cosieran.
Que me arranques tu puñal.
Que te destapes de furia.
Que me vuelvas de cristal.
Has contado veinte veces hasta siete.
Y al final, ya no estás.